Apresó en una playa que el bochorno lacera,
Se convirtió en león, en dragón, en pantera,
en un árbol y en agua. Porque el agua es Proteo.
Libro, cuando te cierro
abro la vida.
Más allá del dolor y del placer la carne
inescrutable
balbuceando su lenguaje de sombras y bruma
colores
Hermoso es también, subir montañas cuando éstas se esconden tras tremendas tormentas. Terror y espanto causan en la mayoría de los bípedos, pero el ser parte del sonoro y sombrío abrazo entre cielo y tierra , en medio de una gran nevada, deja en la mente una glíglica impronta de felicitad preternatural, que es imposible de describir.


cae la gran manzana,
bólido de verdades.
La última que colgaba
del árbol de la Ciencia.
escondido,
mira
con un solo ojo
de cíclope eficiente,

que borras nuestra falsa conciencia sólo humana
y nos llevas a un mundo remoto y absorto;
Acércate a esta roca junto al mar y mira:
es casi enteramente espacio vacío
(mírala electrónicamente)
es evanescente espuma toda ella
como la espuma de mar que de las rocas nace y en las rocas se deshace..



-Está bien -dijo el hombre-. ¿Qué decidiste?
-No -dijo la muchacha-. No puedo.
-¿Querrás decir que no quieres?
-No puedo. Eso es lo que quiero decir.
-No quieres.
funambulesca voz de la cocina,
del comedor y de la azotehuela.
Oigamos la confesión de un compañero de infierno.
«Oh divino Esposo, Dueño mío, no rechaces la confesión de la más triste de tus siervas. Estoy perdida. Estoy borracha.
Estoy impura. ¡Qué vida!
El Bípedo Depredador, continúa en su ardua tarea, de intentar que los seres de silicio escriban novelas, o intenten poemas, basado en la entropía de la información. Así que ahora les comparto un intento de escritura de los "seres" del silicio.
Empiece por romper los espejos de su casa, deje caer los brazos, mire vagamente la pared, olvídese.

Me ha tragado una buena buchada de veneno. — ¡Bendito sea tres veces el consejo que me llegó! — Las entrañas me arden.
La violencia del veneno me retuerce los nervios, me hace deforme, me arroja al suelo. Me muero de sed, me ahogo, no puedo gritar. ¡Es el infierno, la pena eterna! ¡Ved cómo se reavivan las llamas! ¡Ardo como es debido! ¡Venga, demonio!
Tom recogió una hoja de haya caída en el bosque.
“¡He aquí un hermoso día, traído por la brisa!
¿Por qué esperar al próximo año? Lo tomaré cuando me plazca.
¡En este día compondré mi barca y viajaré a la ventura
Al oeste, por el delgado arroyo, siguiendo mi capricho!”
Esta columna probablemente meterá a Barack Obama en problemas, pero ese no es mi problema. No puedo decir una mentira: A muchos egipcios y otros árabes musulmanes realmente les gusta Obama y esperan que gane la Presidencia.
Dejando de lado los motivos, atengámonos a la manera correcta de llorar, entendiendo por esto un llanto que no ingrese en el escándalo, ni que insulte a la sonrisa con su paralela y torpe semejanza.
«Antes, si mal no recuerdo, mi vida era un festín donde se abrían todos los corazones, donde todos los vinos corrían.
Una noche, me senté a la Belleza en las rodillas. — Y la hallé amarga. — Y la insulté.
La tarea de ablandar el ladrillo todos los días, la tarea de abrirse paso en la masa pegajosa que se proclama mundo, cada mañana topar con el paralelepípedo de nombre repugnante, con la satisfacción perruna de que todo esté en su sitio, la misma mujer al lado, los mismos zapatos, el mismo sabor de la misma pasta dentífrica, la misma tristeza de las casas de enfrente, del sucio tablero de ventanas de tiempo con su letrero «Hotel de Belgique».
-Usted fue, sí, usted fue.
-¿Señora...?
-Le digo que fue usted; no sea sinvergüenza.
-Pero... ¡señora!... perdone: no sé de lo que se trata.
-¡Ah! cínico... Devuélvame enseguida lo que ha cogido.
Las chimeneas,
oráculos de acero,
nos lo advirtieron.
No, no es lo que estáis pensando. Me refiero a editoriales y lectores con una conciencia ecológica y no a los consumidores del último premio de la Sonrisa Vertical (que por cierto tiende a quedar desierto con bastante frecuencia desde hace unos años…).
No saben.
¡Perdonadlos!
No saben lo que han hecho,
lo que hacen,
por qué matan,
por qué hieren las piedras,
masacran los paisajes...
No saben.
No lo saben...
No saben por qué mueren.
De chaqueta azul brillante y botas amarillas;
Llevaba en su alto sombrero una pluma de ala de cisne.
Vivía bajo la colina, donde el Tornasauce
Corría desde su fuente herbosa hasta la cañada.
No podía mantener la cola quieta
La llama del entusiasmo prenda en vuestras almas bravías.
La custodia del barco que os entregan
reclama la actividad conjunta de vuestras energías.
Él, que paseaba un día coronado
de flores de durazno y de cerezo,
el triste Okinamaro como un preso
a la isla de los perros fue expulsado.
Alrededor todo cambiará.
Se construirá otra vez la capital.
Pero el pavor de los niños que fueron despertados
jamás se ha de perdonar.
¿Quién me dirá si el Sol es más bello en el amanecer que en el ocaso? ¿Quién me dirá del olivo y el almendro cuál es el más bello árbol? ¿Quién me dirá entre el valenciano y el andaluz cuál es el más bravo? ¿Quién me dirá cuál es la más bella de las mujeres? « Yo os diré cuál es la más bella de las mujeres: es Aurora de Vargas, la perla de Toledo ».
Los cruts se ríen a carcajadas de nosotros, los humanos. Yo pesqué a uno la semana pasada justo antes de meterse por mi oreja izquierda. ¿Nunca los vieron? Yo les voy a contar como son: chiquitos, de todos colores, en la gama de los pasteles, peluditos, con caras redondeadas, hocicos cortos, largos bigotes; una ternura.
No fue el canto del gallo el que los despertó ¿Quién puede fiarse de un gallo viejo que canta a deshoras, sin importar si es de día o si es de noche? A las cuatro de la mañana la familia bebe el líquido contenido en sendas tazas humeantes: café negro los unos, aguapanela caliente los otros.
Me crucifican y yo debo ser la cruz y los clavos.
Me tienden la copa y yo debo ser la cicuta.
Me engañan y yo debo ser la mentira.
Me incendian y yo debo ser el infierno.
(Fantasía)
Es de noche. En su tienda, llena de silencio y de sueño, Bismarck, con un dedo sobre el mapa de Francia, medita; de su inmensa pipa se escapa una voluta de humo azul. Bismarck medita.
Al tercer día de lluvia habían matado tantos cangrejos dentro de la casa, que Pelayo tuvo que atravesar su patio anegado para tirarlos al mar, pues el niño recién nacido había pasado la noche con calenturas y se pensaba que era causa de la pestilencia. El mundo estaba triste desde el martes.
Cuando iniciamos nuestro paseo, el sol brillaba intensamente sobre Múnich y el aire estaba repleto de la alegría propia de comienzos del verano. En el mismo momento en que íbamos a partir, Herr Delbrück (el maitre d'hôtel del Quatre Saisons, donde me alojaba) bajó hasta el carruaje sin detenerse a ponerse el sombrero y, tras desearme un placentero paseo, le dijo al cochero, sin apartar la mano de la manija de la puerta del coche:
Que trueno extraordinario, pensé, parado junto a mi hogar, en medio de los montes Acroceraunianos, mientras los rayos dispersos retumbaban sobre mi cabeza, y se estrellaban entre los valles, cada uno de ellos seguido por irradiaciones zigzagueantes y ráfagas de cortante lluvia sesgada, que sonaban como descargas de puntas de venablos sobre mi bajo tejado. Supongo, me dije, que amortiguan y repelen el trueno, de modo que es mucho más espléndido estar aquí que en la llanura.
Vivimos en un universo extrañamente parecido al original -las cosas aparecen replicadas por su propia escenificación -señala Baudrillard. Como Disney World que es un modelo perfecto de todos los órdenes de simulacros. En principio es un juego de ilusiones y de fantasmas: los Piratas, la Frontera, el Mundo Futuro, etcétera.
¿Cuál es en última instancia el entramado ideológico del sistema de los objetos? ¿Qué ideario encarna este sistema cuyos principios son la caducidad y la obsolescencia —el imperativo de la novedad—, la ley del ciclo y otros automatismos semejantes? Baudrillard dirá que son dos: el principio personalizador, que se articula como democratización del consumo de modelos por la vía de la serialidad y la ética novedosa del crédito y la acumulación no productiva.

Mientras los científicos y técnicos perfeccionaban el procedimiento de perpetuar a como de lugar a la especie humana, todo lo orgánico sobre el planeta se extinguía rápidamente, las condiciones para la vida basada en estructuras de carbón eran cada vez más difíciles.

-Ya voy papá. Aún no logro sacar al Lapo que ha caído en la trampa.
-No sé qué tanto haces trepado en el capulí, te la pasas encaramado en los árboles cual si fueras un mono. Y no comas tantos capulíes, que te va arder la panza; mira a tu querido y grasiento perro Fox, el pobre, ya no puede más de tanto que ha tragado.
Me estremecía. Me encendía y me apagaba.
Temblaba... propuse matrimonio,
demasiado tarde; fui tímido, y me negaron.
Cómo me duelen sus lágrimas ¡me siento feliz como un santo!
Tengo un animal curioso mitad gatito, mitad cordero. Es una herencia de mi padre. En mi poder se ha desarrollado del todo; antes era más cordero que gato. Ahora es mitad y mitad.
Ojos que despiden poesía: ¡ven!
Es magma que se cultiva extático,
antes que la enfermedad los nuble,
y sigan por la sombra del que huye:
cuerpo extinguiéndose en tiniebla,
transeúnte de la especialización.
Un zopilote estaba mordisqueándome los pies. Ya había despedazado mis botas y calcetas, y ahora ya estaba mordiendo mis propios pies. Una y otra vez les daba un mordisco, luego me rondaba varias veces, sin cesar, para después volver a continuar con su trabajo.

Cierta vez un sueño tejió una sombra
sobre mi cama que un ángel protegía:
era una hormiga que se había perdido
por la hierba donde yo creía que estaba.
Una araña paciente y silenciosa,
vi en el pequeño promontorio en que
sola se hallaba,
vi cómo para explorar el vasto
espacio vacío circundante,
lanzaba, uno tras otro, filamentos,
filamentos, filamentos de sí misma.
Creo que una hoja de hierba, no es menos
que el día de trabajo de las estrellas,
y que una hormiga es perfecta,
y un grano de arena,
y el huevo del régulo,
son igualmente perfectos,
¿Cuál es nuestra relación con el planeta? ¿Qué hacemos con el mundo en que vivimos y cómo lo tratamos? ¿Cómo es probable que nos trate si lo seguimos tratando como hasta ahora?
Como el olor del cedrón
en un jardín olvidado,
una tarde de enero.
una muralla te construyes,
mis ojos se vuelven
crisálidas perezosas,
desandan su metamorfosis.
I
Cuando el mundo giró de verdad y llegó el primer día,
la tarde nos encontró arrodillados ante nuestras sombras
que crecieron al caer el sol.
Era otro tiempo, y otro nombre para la muerte,
y los agradecimos a los inmortales,
y besamos sus manos hasta que nuestra boca se secó.
me extravían,
como pequeños demonios
cuelgan de los aleros
de mis miedos,
se instalan
en los rincones de la ansiedad,
se adhieren
a mis incertidumbres.
Cuando ya nada duela,
dolerá el olvido.
Un raro honor.
Aún así maldigo la tarde inacabable
En que me senté a su mesa
Sin probar bocado
Temblando y vestido de luz.
un paisaje verdeazul,
la placidez del mediodía,
manos que arrancan…
la aridez del desierto.
Para llegar a la caverna
Llevando a cuestas tus años temblorosos
Para sentarte a tejer telarañas
A la orilla del reloj
Si quieres o si debes, algún día
Abrazar la perfecta soledad.
"En un mundo de producción en masa y distribución en masa, el Hombre Modesto, con su insuficiente capital, está en seria desventaja.

MarDoIt, interviene:
-No se esponje CuBoIt, pero tampoco deje que los sentimientos heredados, por ese dopaje de carbono que aún conserva… y también conservan algunos de los presentes, influya sobre sus decisiones con respecto al problema de saturación extraña que esta por colapsar la red.















