Esta noche

Dos peces
de fuego
como tijeras siderales
penetran en la inmensidad de esta noche
fuente profunda y eterna.

Arrastran tu recuerdo
extraño
como un fruto permitido.

Mascullo su aroma
en el umbral de un bosque líquido,
espejo de pájaros vegetales.

Persigo la tibieza
de tus caricias
raíces escolopendras
que en algún tiempo
me alimentaron de la tierra.

Presiento la humedad salobre
de tu voz
fluido subterráneo
antesala del silencio.

La oscuridad cae
densa, retaceada
asfixia mi piel
entre las sábanas



Ángel

Al amanecer
un ángel aguarda
transmutado en el misterio del jardín
macabro como todo ángel:
Cuelga solitario
de un árbol
con hojas abiertas
como manos.

Caracol de luz
se encuentra con mi mirada,
enrosca su cuerpo
fingiendo prisa,
titubeando por un instante
ante su eternidad

El resplandor dorado
entre la sombra verde
lo delata,
algo en mí lo reconoce

La crueldad de sus ojos
traspasa los escudos de los míos
como espada inevitable.

Después

Después de la cerca,
el bosque
suspendido en medio
de la noche.
Después del bosque,
la ciudad
como constelación
de luces,
anuncio de habitantes insomnes.

Después de la ciudad,
tu y yo
desgranando astros
en mi cuenco
de barro.

Después de ti,
Yo
hilando mi soledad
con el huso
de la abuela.

Después de mi
un ovillo de la
nada
y mi mirada
y otra vez
el bosque
y la ciudad
y la soledad…

Cenital

Deja que me meza
en el oleaje
de tu piel
salada
selvática
salvaje

como embarcación clara
como agua dulce.

Déjame atisbar
con mis ojos de ave milenaria
más allá del autorretrato
que te dibujas
para nuestra historia.

Deja que me arrulle
en el susurro
de tu boca
caracola
cerbatana
caravana

eco añil de nostalgias
de otras vidas.

Déjame danzar
con mi plumaje,
con la cadencia concéntrica
de mis senos
sobre tu espalda mojada
para tatuar en ella
árboles noctámbulos
y caballitos del diablo
para cuando
el cenit
se aproxime.

Un día de estos

Un día de estos
me abandono,
clausuro las puertas
de mi cuerpo
para que lo habiten
mariposas…

Un día de estos
dejo mis recuerdos
al olvido
y me olvido
del olvido
para que la vida
me viva
sin que yo lo sepa.

Inconstancia

Dentro de mí
un paisaje verdeazul,
la placidez del mediodía,
manos que arrancan…
la aridez del desierto.

Dentro de mí
poemas improbables
fuego de insomnios,
letras líquidas
que se crean y
se esfuman
por mis poros:
esencia de esencias.

Intervalo de silencio I

Tus silencios
me extravían,
como pequeños demonios
cuelgan de los aleros
de mis miedos,
se instalan
en los rincones de la ansiedad,
se adhieren
a mis incertidumbres.

Me enfrentan
a un ejército de árboles
alineados en tus ojos.

Me hacen descifrar
mensajes mudos
que tu cuerpo
no alcanza
a expresar.

Me mantienen suspendida
en el intervalo indefinible
del movimiento
de tus labios.

Tus silencios
consumen mis imágenes,
las desgarran en jirones
hasta dispersarlas
en el vacío.

Intervalo de silencio II

Ahora
una muralla te construyes,
mis ojos se vuelven
crisálidas perezosas,
desandan su metamorfosis.

Desaparecen de ti
para no herirse,
para seguir volando
hacia dentro
en frases de viento propio,
en palabras de una sola clave,
la del silencio.

Delirio

Deliro como el olor del cedrón
en un jardín olvidado,
una tarde de enero.
Como cometa
de papel de diario
que se cree de colores
y de seda.

Como ave atrapada
que se sueña
con las alas abiertas
sorbiendo el azul del cielo.

Como niña pobre
con vestido nuevo.

Me miras esquivo…
lanzas piedrecillas
hasta que aciertas
y me encuentras
despierta y real,
cubierta de frío.

Comments are closed.