Una lluvia tenue cae sobre mi corazón desolado
siento la tristeza de la tierra elevarse acezante
contra las obscuras nubes bajas en busca de las invisibles estrellas
que brillan a media tarde.

Los grises pájaros del tiempo permanecen inmóviles en los pinos abatidos.

Un mustio dios remoto, acostado en la nada
sueña un sueño inacabable y aplasta mi pecho
para siempre.

Adentro oigo titilar las aurículas melancólicas
afuera resuenan las gotas sobre los cristales
y el inaudito esplendor de los astros que se arrastran
hacia quién sabe dónde

Claudio Cordero

 

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