Del dolor que un día atravesó mi costado…
Como la espada ardiente de tu nombre
nada queda
Te he buscado en las ciudades vendadas de luces…
a la noche
y durante el día entre sus muchedumbres bullentes
en los dulces estuarios de los grandes ríos transparentes
o cargados de loes y de lotos
en el mar, en sus crepúsculos sangrientos o topacios
en las nubes de los Andes cuando al ocaso encarnan
figuras misteriosas
Detrás de los titilantes espejismos de los desiertos
en las plácidas bahías azules
en los atolones de rocas de olas translúcidas
donde Gauguin pintaba la desnudez de las mujeres
y el hieratismo sagrado de los ídolos
En los basaltos de Galápagos golpeados por la pleamar
de espuma y soledad
en el murmurante rumor de sus escolleras al amanecer,
en medio del círculo de petreles que guarnecen
la Corona del Diablo


En los templos enigmáticos de las religiones
erigidos sobre los lomos de otros dioses
y lo huesos de sus adoradores casi intactos
En la magia de los rituales salvajes del vudú y la ayahuasca
para evocar los espíritus de los muertos
solo allí te entreví entre sueños falsos abandonar mi corazón para siempre y huir a lo desconocido que no existe
más allá de las altas estacas concéntricas de bambú
que ahuyentan a los demonios ,
y antes de la danza orgiástica del estupor y el olvido
Amor , te he buscado en todas partes y no te he encontrado en ninguna
ni en la alucinante embriaguez del vino pasar por los ventanales
sombra de la sombra
en los embarcaderos , en las salas de espera de los aeropuertos
en las chirriantes estaciones de los trenes
en las colas del pan y los santuarios paganos de los bancos en los sombríos pasadizos de la duda
En los arco iris de las cascadas inmóviles,
más allá de los girantes faros marinos
que rasgan ardiendo a ratos la tiniebla
y hasta en la tenebrosa caverna donde se mueven las constelaciones perdidas
y desde dónde nadie responde nada
por la lejanía
Sólo permanece el puente sobre las obscuras aguas
tormentosas donde
una noche hace muchos años
traté de olvidarte en pacto secreto con la muerte
y tu como una inasible y velada neblina
apenas levantada sobre el río

 

Claudio Cordero

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