“Dadme coronas de rosas
y una copa llena de vino.”
Anacreonte
“Tu boca esta noche es la más bella rosa del mundo
escánciame tu vino…”
Omar Khayyam

Vino,
color de orina ambarino.
De un suave sabor que subibaja
desde el oscuro pecho tenebroso
por la cavernosa garganta
hasta el pálido rosa de la píamadre
cruzando por las olivas de tus ojos
que se nublan casi hasta el lamentoso llanto
en medio del vaho perdido de su niebla.

Vino,
de un sabor acre y dulce como la vida
y de un remoto olor a flores muertas
cargado de alcohol el mismísimo demonio
de las suras y aleyas de El Corán sagrado.

¿Es cierto que ya te trasegaron
desde ventrudas tinajas a ánforas mareantes
y dejaste borracho al Minotauro
mucho antes que Ariadna se sacara
las uvas de su trompa en laberinto?
Detrás de mi vidriera destellante
tu cuerpo acurrucado en una copa
destila al trasluz de la tarde que declina
los tonos melosos del topacio.

Medio entre sombras recuerdo el día
del solsticio de diciembre
en que aplasté como las tetas
de una mujer desnuda
las doradas naranjas duras
y sus blancas semillas seminales
para tragarte ahora que se acerca
de nuevo fatalmente otro solsticio
delirante.

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