1

Nunca supo mi padre
que me salieron alas
yo era de piel mansa
y blanquecinas manos como mi madre.

ÉL VOLVÍA
AHORA (…) SE AUSENTA (…) DEMASIADO.

Demasiado es extensión
él surca superficies en mí ya no tan blancas
ES LA NADA
le serán devueltos sus desagües
… ¿y ahora?

2

D. C.,
Desciende de esa Isla
que es palabra abominable.
No sesgues al hombre que te anima
y toma de tus voces los acordes.
Desciende,
estamos corregidos
por la cara peor de lo posible.
Perderás más.
Desciende de esa isla
o repite por siempre cada acorde.

3

Al dorso, lo opaco de este sweater
esconde el volumen real de mi existencia
que se desborda, en un esfuerzo inútil
entre los poros de este instante
donde no quepo más.

Un árbol seco desnuda mi silencio
irrumpe desde dentro de mí para quebrarme,
para dejarme vulnerable al mundo.

Diagonal apareces
recoges los fragmentos de sueños que aviento para ti.
Cubro tu rostro
porque no te vuelvas
(a los seres gigantescos que nos siguen).

4

(Daniel)
Siento encontrar en todos tus espacios:
vacío, Daniel.
En todas tus palabras un delito
del que no eres culpable ni consiente.
Vacilas entre tantas manos
que ahuyentan el silencio
y te obligan a ahogar eternamente
ese débil sollozo, imperceptible casi,
para escapar de ser el niño que prefieres
para perderte en un paso incognoscible
y devenir en Víctor, Samuel, Edith o cualquier otro
siempre a la Espera…

5

Jugábamos a amarnos
cuando para escapar era preciso
una traición apenas.
Mientras se muta en la metamorfosis de dos mundos
es posible aún morir dos veces
o capitular
o ser casi feliz, ingenuamente, cientos de años.
(Yo iba detrás de aquellas voces
perdida en el bullicio de tu rostro).

6

Llueve, Madre.
Apenas he perdido mis sentidos
y es la hojarasca que soy y no vislumbras.
Estoy escapando de mí misma hacia ti
hacia todo lo oculto
y emerge algún desastre
un aire denso que asfixia a una de las dos
y ha sido cierto que nos hemos perdido
que hubo una mujer agonizante a todas horas
y una espiral donde nada converge jamás una vez dentro.

7

Ah! si no fuera el lamento de mi voz
lo único que evado.
Cómo ser triste y a la vez sentir que no me pertenezco
cómo ser esta desnudez eterna y esta lánguida roca
que no es de mar ni es de la tierra misma.
Cuando solo tú eres capaz de humedecerlo todo
es sabido que he de recurrir a ti hasta que se erosione
mi volumen.

8

Debajo de mi voz emerge
el aura de un hombre
que no evado
que finge hacerme bien
cuando le asisto
en tiempos como estos en que callo
se posa a mis espaldas
no siente lo que digo y basta hundir la voz
y las palabras y emerger a la luz en los gemidos.

9

Lanzábamos los naipes;
predicciones vendidas en las tardes
para sondear en las pasiones que se irían
y fugarnos de todos los momentos
de todas las doctrinas
que cedieron de hacernos apartados.
Y ahora que tememos
¿por qué nos son negadas
las visiones y rutas que se nos dieron antes?
Esparcemos los naipes y Dios nos dice: Basta.

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