¡Qué furia, mis compañeros apenas han hablado con aquellos jóvenes desconocidos! Yo soy más viejo, y no puedo correr como ellos, pero, en compensación, conozco el mundo un poco mejor que ellos.
Ya he dicho que sí, pero casi, casi me arrepiento... En la posada no los han querido, no tenían dónde caerse muertos... Son débiles: me he dejado conmover, especialmente por ella, con esa cara humilde y sin embargo apasionada, con sus ojos de niña que ha venido de un mundo más claro que el nuestro. Y parece que lleva un gran secreto contra el pecho como otra llevaría un ramo de flores. Es tan inocente, cándida, pura, que parece imposible que tenga que parir de un momento a otro...
Aunque me hubiera quedado una habitación libre, desde luego no se la hubiera dado a esa pareja. Gente sospechosa. Han dicho que eran marido y mujer, pero yo no me chupo el dedo y a mí no me la pegan.
Kantoborgy exuda copiosamente en el vórtice vaporoso de la caldera del inactivo volcán Pasochoa, imágenes lúdicas se suceden con la sensación de estar fundiéndose a un tiempo remoto. Acá vino sin sus canes por lo intrincado de este abismo verde, ellos no disfrutarían de bucear bajo esta red de túneles que ha formado el bosque primario andino, son lobos que gustan de trotar en campuroso pajonal.
Nombres comunes: Zorro andino, zorro colorado, atoq en lengua quechua.



Ya no es un sueño esto de andar, a propósito perdido, por las dunas de Krizofilax Equinoccial. Este laberinto volcánico que respira a cada paso que da contra corriente, aun ayer era parte de una leyenda que se pasaba en radio Marañón, y él, LG, había conectado con la personificación que ahí se hacía del dragón que agarró gusto por jugar a las escondidas, convirtiéndose esta suerte de distracción en un acto religioso, huir por lo sano es su religión.
Entonces, el futuro triple-ingeniero LG, se convencía que él también, de una, hubiese creado su quinta San Agustín -superando a la original en el rendimiento y calidad de los suelos- si le caía, de sopetón, una porción del oro de Quinara como al doctor Morris. Otra cosa era aproximarse al ideal con el sacrificio de los años, mientras se hacía realidad la terra petra en la comarca de su infancia, San Antonio de las Aradas, a un precio que no estaba dispuesto a pagar.
Esta jornada empezó mostrando un azul radiante rumbo a la flamígera canícula de tierras altas, empero se fue atemperando dentro de la templada nube traslúcida que cautivó el espacio y tiempo de los dominios de Krizofilax Equinoccial. Los caminantes se dispersaron para concebir la disipación que les corresponde en el entresijo horizontal de lo femenino herboso.

Krizofilax Equinoccial, desprovisto del don de volar, se resignó a ser mutante bajo su condición de dragón terrestre cabal; esto trajo que se prolongue en él un constante sentimiento de originalidad dentro de un hábitat donde no tiene par. La soledad volcánica lo hizo tomar conciencia de su capacidad evolutiva, tenía el favor de la ciencia infusa que de a poco desarrolló: huir de la estupidación fue algo innato en él. En principio engañando aun a su padre nutricio, el Cíclope, que por esa capacidad de mimetizarse en sus dunas volcánicas lo creía erróneamente un cobarde.
Herbosas dunas de residuos volcánicos hacen el hábitat del arisco reptil antediluviano que se negó a ser una mole incrustada en la cordillera de Los Andes, este mutante quiso sufrir las consecuencias de su orfandad dragonil antes que petrificarse en un magnífico paisaje como su fotogénico pariente el Dragón Rojo... Así podría rezar el inicio renovado de la leyenda oral que de Krizofilax Equinoccial se pasa desde la radio del domo de El Panecillo.
Anticipándose a la aurora se deslizó por las estribaciones menores del Dragón Rojo, quien, acorde a la saga que lo identifica con su propio signo ante los animales andinos que lo circundan, fue un ser de porte mítico que se creía llamado a rivalizar en poder y gloria con su pariente Aleph Dark, pero a la postre devino en un sujeto sin ambiciones terrenales, de esto que prefirió petrificarse y no sufrir las instalaciones fantásticas de los imagólogos.
Acá vino a escalar por el filo expuesto de la pared, cuya aura le promete acción entre las presas que harán peldaños a los cuernos del Dragón de piedra. La mañana transcurre sin corrientes aéreas de cuidado, ya se abrazó a la roca tibia para relajar su cuerpo y luego poder compenetrar la fuerza de cada uno de sus músculos ascensionistas con la mente del escalador, de esto se trata este juego de concentración que conlleva un riesgo mortal al prescindir de seguros que lo anclen a la pared. Irá a equilibrar su hado con la naturaleza mineral, libre de la sensación psicológica de estar apoyado por la red del trapecista circense.
En medio de esta tremenda situación, cada hombre y cada mujer están llamados a encarnar un compromiso ético, que lo lleve a expresar el desagarro de miles y miles de seres humanos, cuyas vidas han sido reducidas al silencio a través de las armas, la violencia y la exclusión.
Ir tras el hombre que proyectará
tu espectro en mi espíritu,
conmutador de las palabras,
para arrancarle sus
reacciones interiores
Es cosa bien sabida y bien dicha: nada más grande que el amor.
El amor es el hundimiento del yo. Mas ama así: abísmate y confúndete; ama con todo tu corazón y si quieres con todo tu cerebro. Sé fuerte y tenaz. Ama como Buda o como Jesús; como Galileo o como Lenín; ama como Caín y mata, pero ama. ¿No habéis oído los anatemas contra los tibios?


Día a día más ciego, día a día más inmóvil, día a día más silencioso.
He presenciado el fin del mundo, pero lamento tener que confesar que me ha desengañado un poco, pues no fue aquel trastorno cataclismático que los más instruidos anunciaron.

Todos conocieron a Homuncio, pero ninguno lo describió. Ojos de burrito lactante, orejas despegadas, boca como borde de jarro, barbilla hundida y en la cabeza una peluca negra de pelo corto y lacio.

















