el que no tiene que gobernar en absoluto”.
Recepción y desarrollo de la hipótesis Gaia
Desde la primera presentación de Lovelock sobre Gaia, como un sistema autorregulado (en una reunión de la American Astronautical Society en 196
, su propuesta no tuvo acogida entre los científicos aunque sí su idea de que el contenido químico atmosférico posibilitaba el estudio de vida en los planetas.
El amigo Henry echó a andar su retiro lacustre allá por el otoño de 1845, previamente a ese cometido ecologista adquirió, acudiendo al ágora de la Arcadia, dos insobornables servidores gemelos, Simplicidad y Sencillez, los que lo ayudaron a levantar y mantener su experimento de autosuficiencia durante los dos años que habitó en los bosques de Walden.
Las teorías científicas se parecen mucho a las personas. Al menos, en su ciclo de vida: algunas nacen repentinamente y sin pedir permiso, se desarrollan hasta hacerse fuertes, adultas y, llegado el tiempo, la mayoría caduca para más adelante ser reemplazadas por otras. Tal vez por eso no es del todo extraño pensar que una teoría bien podría tener su propia biografía, como ocurre precisamente con Homenaje a Gaia. Para ser exactos, este libro en verdad es la autobiografía de James Lovelock, inglés, científico, inventor y escritor (en ese estricto orden), aunque en él se relaten los vaivenes de una hipótesis (la “teoría de Gaia”, a la que hace alusión el título) que roza bastante lo new age. Al fin y al cabo, hablar de Lovelock es hablar de Gaia y hablar de Gaia es hablar de Lovelock.
Ahora.
Suena una música que no conoces.
Lejos, al fondo, una fuerte línea de bajo, como de artillería.
La mente escarba y el alma busca. Te va a hacer daño, pero tu cerebro pide y tu cuerpo
aguanta.
Inhalación fuerte y profunda, microgramos que entran por tus pulmones. Los alvéolos
transmiten la sustancia a la sangre, y un tren eléctrico recorre tu espina dorsal. Parece
mentira…

El filósofo francés Jean Buridan (1295-c. 135
se ganó renombre como fí¬sico casi sin enterarse. Reflexionó acerca de una cuestión: cómo pueden seguir su vuelo una piedra o un dardo una vez abandonada la mano que los lanzó o arrojó.
Hablando, es fácil incurrir en contradicciones. Si además producimos dos enunciados que suenen a paradoja y podamos fundamentarlos igual¬mente bien, nos hallaremos en una antinomia, como llamara Immanuel Kant al patinaje sin fin en que puede ir a parar el pensamiento. A título de ejem¬plos, nombraba él la proposición de que el mundo tiene comienzo en el espa¬cio o en el tiempo, puesto que ambas respuestas posibles admiten sendas de¬mostraciones válidas por igual y sin diferencia alguna (indiferencia ésta que a nadie puede dejar indiferente).
Los efectos del calentamiento de este planeta, en la zona andina ecuatorial , se confirma en la falta de lluvias, tampoco hay nevadas fuertes y continuas. El volcán Cotopaxi se asemeja a una enorme araña con deshielos como ojos en sus cuatro vertientes.

La ciudad de Sí y la ciudad de No
Soy como un tren
de prisa durante muchos años
entre la ciudad de Sí
y la ciudad de No.
Walden, así llama la soberbia cocha septentrional, que todavía en estos días de indiferencia a la Creación, se preserva encantada. Walden, y su entorno boscoso, ha resistido a la época del mono pensante caído en la cosificación de su alma, ésta continúa luciendo tan fresca y dominante como el legado patente del yanqui anarquista que la disfrutó ayer nomás.
En los últimos años, el idioma ruso fue invadido por una muy pegajosa y ambivalente expresión: “kak bi”. Se convirtió en una muy popular jerga, al igual que su equivalente en el inglés norteamericano, “sort of”. En español, dado que cada país produce y desarrolla su propio caló, no existe una expresión que pueda generalizar esta voz. En El Salvador, lo más parecido es algo así como “algo así como”. En Rusia, este algo así como aforismo se convirtió en algo así como una mueca cínica, intentando tranquilizar un algo así como conciencia. ¿Por qué ha pasado?
La infancia es el pueblo de Mejillarosada,
Pequeño Tonto, Metichenariz,
Brincoderana, yendo hacia Cruelandia,
a través de Sinmalicia y Visióndespejada.
Hay muchas vidas dignas,
sólo una digna muerte.
Bajo las balas, en esas zanjas quietas
uno cree en la bandera de Dios.
Hay en tus melodías escondidas
de nuestro fin la noticia fatal.
Llevas la maldición de Dios, y llevas
la profanación de la felicidad.
Cada día más salvaje, más sorda,
se entorpece, lívida, la noche.
“Hoy el hombre va en busca de la naturaleza salvaje para conquistar los últimos rincones de su alma desconocida, oscura y olvidada.”Vivimos una única realidad con tres dimensiones, matemática, física y psíquica, unificadas en el hombre.
Vivimos una única realidad con tres dimensiones: matemática, física y psíquica, señala Penrose en su último libro “El camino hacia la realidad”. Gracias al hombre surge la unidad de esos tres mundos y se sientan las bases de una biofísica cuántica de la mente, según la cual un ordenador nunca podrá tener conciencia.
Debemos una aplicación esencial de la idea de complementariedad a un discípulo de Bohr, el vienes Victor F. Weisskopf, quien en 1991 publicó sus memorias (Mein Leberi). El capítulo final lleva por título «Mozart, la Mecánica cuántica y un mundo mejor», palabras con que ante todo quiere significar el autor, estimable pianista, sencillamente el sentimiento de dicha que puede experimentar cualquiera que como él trate así con la música de Mozart como con la Mecánica cuántica, y entienda de ambas, bendita conjunción que insinúa cómo podría ser un mundo mejor.
Hace más de un siglo que la física comenzó a cuestionar la naturaleza corpuscular de la materia. El nacimiento de la física cuántica abrió nuevos horizontes científico-filosóficos con una novedosa visión de la materia.
¿Y la tangente, señor Arcipreste?...
¿El radio de la esfera que se quiebra y se fuga?
¿La mula ciega de la noria, que un día,
enloquecida, se liberta del estribillo rutinario?...
¿La correa cerrada de la honda,
que se suelta de pronto
para que salga la furia del guijarro?...
Aquello que muchos contemporáneos encontraban y encuentran difícil en la Física de Heisenberg puede expresarse con el concepto «subjetividad». Pues de algún modo, empero, forma parte del patrimonio de la ciencia hacer que impere la objetividad y alcanzar de los objetos de la naturaleza conocimientos independientes del observador que de ellos informe. Los puntos de vista subjetivos, naturalmente, son el pan nuestro de cada día en otros terrenos de la cultura, pero no se les ha perdido nada en la ciencia; así se pensaba hasta que llegó la Mecánica cuántica y Heisenberg descubrió la indeterminación, que deja en manos de un sujeto la posibilidad de determinar a la naturaleza.
La historia de la herradura de Bohr se cuenta enseguida: se trata del gran físico danés Niels Bohr (1886 a 1962), quien había comprado para el veraneo de su familia una casa al norte de Copenhague sobre cuya puerta de entrada lucía, imposible de ignorar, una herradura.
Tú, novia intacta aún de la quietud,
prohijada del silencio y de las lentas horas,
selvático rapsoda, que refieres un cuento
florido, con dulzura mayor que en nuestra rima:
¿qué leyenda, ceñida de verdor, en tu forma
tiembla? ¿Será de dioses o mortales, o de ambos,
en el Tempé o en valles de Arcadia? ¿Quiénes son
esos hombres o dioses? ¿Qué doncellas resisten
al loco perseguir? ¿Qué pugna es ésa, huyendo?
¿Qué flautas y tambores? ¿Qué extasis salvaje?
Creernos los únicos seres con inteligencia, como si hubiéramos caído de otro mundo, o el seso nos separara de la vida, en lugar de ser un vínculo privilegiado para reconocernos solidarios con nuestros prójimos vivientes, no es más que una prueba de ese orgullo necio y pecaminoso tan característico de los humanos (y particularmente de nuestra raza) y al que los griegos llamaron hybris: insolencia.
Sabe el hombre ir hasta la Luna en un rato, pero no sabe hacer un gato, así rimaba una vez Rainer Kunze en un libro infantil queriendo comparar dos esferas técnicas y científicas en que los humanos tenemos puestas las miras: la exploración e investigación planeada del cosmos y la inabarcable aparición y evolución de la vida.

No hace falta entender de toros para desear que tan hermosos animales subsistan, suponemos que también querrán eso los escrupulosos que claman por la abolición de la fiesta tauromáquica, so pretexto de la violencia que comporta o del daño que sufren los preciosos y míticos bichos.













