La pasada noche, mientras degustaba junto al Aqueronte unas copas de reposado Agustino, 30 años de añejo, sentados plácidamente en los sillones quejumbrosos de un bar a la intemperie, ubicado en uno de los tantos sectores concurridos y llenos de polución, de este pedacito de planeta llamado la capital ecuatoriana; y al son de la música del malo del Bronx, que ayuda a hervir la sangre con el recuerdo de las Dulcineas ausentes, vimos a un extraño bípedo salir de un lujoso restaurante.

Pensamos que el aguardiente nos jugaba una mala pasada, que las alucinaciones del licor bendito se proyectaban como hologramas tridimensionales y que parte del escenario era aquella forma de humano, saliendo candoroso a la calle, luego de haber devorado con fruición los deleites de la cocina. Con él una mujer en extremo tuneada para el momento. Nadie estaba sonrojado, mucha gente pasaba cerca de la pareja sin alarmarse por el hecho de que el susodicho bípedo estaba desnudo.

-Qué veneno habrá puesto Chancholovo en el reposado Agustino- entre dientes musitó Aqueronte, mientras analizaba el color del aguardiente en busca de alguna extraña sustancia, pues sospechaba que Chancholovo contaminó el reposado Agustino con alguna pócima de la cual solo él tenía el antídoto, de esta manera evitaría que otros robasen su preciado tesoro. ¡Contrabando! –Acusó el mesero- Aqueronte le dio unas palmaditas, -era buen cliente del lugar- y nos dejó seguir degustando del elixir, con tal que sigamos consumiendo algunas picaditas… boquerón en aceite de oliva.

El falso Adán cruzó la calle, abandonó enfrente a la fémina, nadie se inmutaba por la desnudez del bípedo, todos al parecer le rendían pleitesía, entró confianzudo a una tienda de abrigos, tomó lo que quiso, las dependientas no osaron pedir que pague por las prendas. Luego se paró en media calle, alzó la mano y detuvo el auto que le gustó, un Alfa Romeo, el aniñado conductor se bajo junto a su pareja, compañera fiel de los recorridos por las callejuelas llenas de coches, agenciosa la parejita dejó que tome su lugar el Señor Adán, quien partió haciendo rechinar las gomas.

¡Mesero! ¿Has visto lo que ha hecho ese humano viringo en plena calle? –Increpa Aqueronte- y por respuesta solo un movimiento de hombros. Me inclino hacia la sulfatada rubia de la mesa vecina y le pregunto sobre la escenita del tipo que se fue en el Alfa Romeo, me dice entre dientes mientras simula una sonrisa de conquistadora nocturna, que le encantaría pasear en un autazo como ese. Aqueronte la pilla diciéndole que si con chofer vestido o desnudo, ella no comprende, dice no haber visto a ningún hombre desnudo…pero podrías verlo y montado sobre Rocinante acota Aqueronte, al tiempo que me pide las llaves de mi corcel Ruso de cuatro cauchosas patas. Un seco ¡JAMÁS¡ alcanzo a pronunciar. Mientras rio a carcajadas, exploro en mi imaginación la reacción que la anodina fémina tendría al verse montada en un 4×4 ruso, nada elegante como el autazo de sus sueños plásticos de citadina alienada.

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Parque Universitario, Jardín Botánico y Recreacional "Francisco Vivar Castro".

Ubicado a cinco km de la ciudad de Loja, en la vía a Vilcabamba, está el Jardín Botánico Reinaldo Espinosa, uno de los más antiguos del Ecuador. Fue fundado en 1949 por el botánico Reinaldo Espinosa con el fin de impulsar la investigación y conservación ambiental. Cuenta con siete hectáreas, con la más variada muestra de especies vegetales entre nativas, exóticas y endémicas. Aquí realizó por más de 45 años su trabajo el maestro universitario e investigador Francisco Vivar Castro.

Vivar Castro nace un 17 de agosto de 1925 en la ciudad de Loja, hijo de Víctor Vivar Espinosa y Mariana Castro. Su formación inicial la realizó en la Escuela de los Hermanos Cristianos La Salle y en los colegios La Dolorosa y Bernardo Valdivieso. Sus estudios superiores los realizó en la Universidad Nacional de Loja, en la Facultad de Ciencias, actualmente denominada Facultad de Ciencias Agrícolas. Fue parte del grupo de estudiantes fundadores de dicha facultad, graduándose como ingeniero agrónomo en 1954.

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Varias veces al día reflexiono sobre cuánto en la labor del prójimo -de los que viven y de los que han ido- hay de base para la construcción de mi vida interior y exterior, y cuán seriamente tendré que ejercitar mis facultades para devolver lo que de ellos he recibido. La tranquilidad de mi conciencia se ve a menudo alterada por la depresiva sensación de haber tomado prestado en demasía del trabajo de los demás“. Albert Einstein

La vida corporal de Albert Einstein ha declinado para siempre. A la una y cuarto de la mañana del 18 de abril, el genio colosal y hombre lleno de humildad, “dio tranquilamente dos profundos suspiros” y exhaló el último aliento. Mientras la desaparición física del sabio estremece la sensibilidad de la especie humana, el pensamiento sigue su curso indefectible penetrando en la reconditez del misterio que él amó y veneró por ser su conocimiento el incentivo eterno de la ambición espiritual de los hombres. Dijo al hacer una síntesis brevísima y admirable de su filosofía: “Lo más bello de que tenemos conocimiento es el misterio. Es la fuente de todo arte y de toda ciencia. Aquel que se sienta cerrado a esta emoción, que no pueda extasiarse ya de admiración o transportarse de terror vale tanto como un muerto”.

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Julio Palacio/Dr. En Matemática.
Desde el panóptico “Lorenzo Ponce”

A mis amigos autores-editores de Bípedos Depredadores, envío tardíamente, el primer mini-capítulo de Génesis del Ratowhato, era mi deseo hacerlo por las fiestas Octubrinas de la bella Guayaquil, ciudad de hermosas mujeres, y generadora de riquezas para el hoy diminuto país; pero el técnico que contraté para pintar de fondo blanco y con letras rojas, el teclado de mi ordenador se retrasó en su trabajo. Luego, el informático demoró en enseñarme o quizá yo en aprender a escribir en fondo blanco y con letras rojas. Detesto la oscuridad.

Génesis
En el principio del tiempo y de todas las cosas, todo era oscuridad y aquello producía un profundo asco en Ratowatho. Así que llenó el espacio con muchos soles, que lamentablemente emitían una despreciable y amarillenta luz. Huyendo de ello, optó entonces por ir a la luna rocosa, no le gustaba su arena grisácea, pero prefería a la negra roca calcinada, de allí bajó a las playas del planeta tierra, aquellas de blanca arena, pero el amarillo sol lo perseguía por doquier y cuando no estaba radiando, entonces la oscuridad lo invadía todo. Como defensa le creció cabello y bellos negros y pelos hasta en sus párpados. Sus pies se llenaron de callos de un repulsivo color amarillo, de algo sirven se dijo, pues antes el contacto con el negro suelo hacía aflorar sus blancos huesos.

Y eso fue el principio de todos los males para el inefable Ratowhato, también conocido como El Güite, sabemos por las antiguas leyendas que su nombre más común podría empezar con la letra B, pero no lo podemos pronunciar pues somos parte de la oscuridad y hacerlo podría exterminarnos. Todo es oscuridad menos El Güite.

No puedo continuar, lo haré después; la sola idea de que ya mismo debo ir de paseo al museo, premiado por mi buen comportamiento, y dentro de esas cajas de llantas negras y de carcasa amarillenta, en cuya parte superior con enormes letras de color negro dice TAXI, me ha quitado la inspiración.

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…de las historias de un viejo Kichua

Uno de los más grandes placeres como biólogo de campo es el pasar todo un día caminando en la pluviselva; resbalándome en el lodo, caminando bajo la lluvia … y admirando la asombrosa biodiversidad que éstos bosques esconden. De regreso al campamento o a un lugar seco, nada mejor que un buen baño, un libro y una buena comida, escuchando los sonidos de la selva. Había pasado todo el día caminando con un grupo de jóvenes Kichuas en el Parque Nacional Sumaco, observando la asombrosa fauna de invertebrados en un esfuerzo por construir un sistema de monitoreo comunal de biodiversidad basado en invertebrados.

Tomar muestras de suelo es una tarea muy difícil, cuando intentas observar su biodiversidad. Eramos unas 10 personas llevando la muestra de suelo y caminando bajo la lluvia, cuando el sol ya desaparecía en el horizonte. Mojados y sucios, llegamos a la casa de Doña Delia y Don Lino, un par de ancianos Kichuas que nos servían los alimentos cocinados con el ingrediente más delicioso: el cariño. Don Lino, es una persona cuya vida entera se ha desarrollado en el entorno de las plantas y animales del Gran Sumaco. Sus vivencias constituyen un tesoro muy valioso de la cultura Kichua.

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Hay libros con un barniz infantil que son para bucear en ellos bastante después de haber superado la niñez, como El Principito, de Antoine de Saint Exupery. El autor del Principito, desde la dedicatoria, deja en claro que el libro va dedicado al niño que aún reside en el corazón de un adulto de cualquier edad, o sea, va dirigido a un joven de por vida, el que no ha perdido su capacidad de asombro, de admirar y alimentarse de lo sencillo que es en sí lo complejo. El Principito, en su asteroide B 612, amaba a la flor vanidosa que cuidaba junto a una oveja y a tres diminutos volcanes, dos en actividad y uno apagado al que también deshollinaba, por si acaso despierte de repente y no lo vaya a sorprender con una erupción plínica.

El Principito abandonó temporalmente a sus compañeros planetarios por el prurito de ver qué había fuera, tal vez lo suyo era caduco y no valía la pena tanta devoción por los ralos habitantes del asteroide B 612. Así viajó en el espacio visitando otras esferas donde la gente se hallaba enajenada por sus deseos mundanos. Sus aventuras no fueron en vano, moverse hacía fuera no vino a ser un circuito superficial, estar lejos de su hábitat lo hizo verse a fondo a sí mismo, y entender que sus rituales en casa constituían su verdadero tesoro.

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En este trocito de planeta Tierra se ha iniciado el trueque de “cosas finas”. Prácticamente se han desvanecido las antipatías contra el cannabis como herencia de la hipocresía mundial. Más allá de que está aún fresco el recuerdo de la feroz campaña que se dio por el SÍ o por el NO en el motejado referéndum del cáñamo, para que cada municipio cantonal de la república decida legalizar el cultivo de la hierba para usos gastronómicos y terapéuticos. Fue un acontecimiento que sacudió a propios y extraños, se convocó al pueblo soberano para que acuda a las urnas a definir la suerte de una sola pregunta, muy elemental, pero cargando toda la intencionalidad y misterio que el ciudadano común, y el extraordinario quiso darle. “¿Aprueba usted que el cáñamo sea cultivado sin ánimo de lucro, bajo la modalidad del trueque, con fines gastronómicos y terapéuticos?”. Nuestra pequeña república es famosa por las convocatorias a que el pueblo decida en asuntos tan complicados de macroeconomía como en cuestiones que afectan la salud de Gaia o el fuero interno de cada quien. En el papel somos campeones de los derechos de la madre Tierra a no desangrarse por las ambiciones desarrollistas del bípedo depredador. Y, en situ, en concreto, mediante los resultados del referéndum del cáñamo, se han derrumbado prejuicios que naciones poderosas, de escuela liberal, no lo han hecho hasta la fecha.

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Resurgimiento de amapolas

El tiempo disolvió su porcelana fragmentada
entre el amanecer y tú.

Y como el fuego
la razón dejó cenizas
que transmontan mariposas acróbatas
de cumbres infinitas
en el beso y su encina

Aquella vez,
el viento trajo tu nombre
y tu ofrenda condujo mi paso
en cuanto que la libertad
se volvió en contra
con irrevocable alerta para la calma.
-En desconfianza y extravío
se volvió tu palabra.-

De tal manera me viene la ternura
con su estructura de forma
con su complicidad
y complacencia.
-Para incluir en un racimo de violetas
junto a los recuerdos – la –vida-

Lejana certeza
que no es otra cosa
-una especie de atadura-
La voz más apagada que nunca
es un silencio que ensordece
es una enorme pausa reflexiva.

Los sentidos estáticos fortalecen
como balanzas equilibristas
como acciones casi inexistentes
como destino inexplicables
como memoria en silbido.

Con la madrugada
con el cielo
con el vació cuajado de astros
solo la noche- nos queda-
-solo un constante ángel en espera.-

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Nunca antes habíamos entrado a la Capilla del Hombre. Ayer, los cabecillas del blog-editorial Bípedos Depredadores, y, por inercia, luchadores autónomos del Movimiento Utopista Anarquista (MUA), estuvimos de cerca con el pensador Ignacio Ramonet, oriundo de Galicia, tierra de ondulantes verdores serranos y donde anida la Costa de la Muerte. “Alguna vez morí en sus acantilados, abrazando el regazo oceánico de Diana de Bergantiños, y renací en sus bahías ahítas de perfumados sargazos”, diría el desaparecido fundador del MUA, Salvador Pineda Pinzano, de su estancia en Malpica.

A los cuartos aquilinos de Bípedos Depredadores, nos llegó una simpática invitación, en forma de pasador de libros, para asistir a la conferencia que encarnó el pretexto para lanzar estas reflexiones personales. Somos precavidos, nos metimos a investigar con antelación qué podía decirnos el pensador gallego acerca de “La explosión del periodismo”. Por supuesto, usamos los motores de búsqueda del ciberespacio, no se trata de embutirse cualquier cosa a cuenta de “conferencia magistral”, que es pan desabrido de los días globalizados, tal como “Los caminos garantizados al éxito” o el “ABC de la excelencia”. Sí. Somos reacios a atender toda convocatoria que sugiera actualizarse en lo de autoayuda y/o autocompasión.

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Qué hermosa se la ve y cómo luce perfecta y armoniosa;
su cuerpo, igual sirviera de pedestal de pórfidos astrales
lenificado en la hierática virtud de la ternura
para erigir su rostro, divinamente bello,
enmarcado en la gracia inefable de la dulzura plástica,
como de una madona esculpida con cincel de un Buonarroti.

Sí; y ella sabe; se siente fascinante y depurada
y en su interior existe vibración de culto a la soberbia.

Soy bella, se dice; en tanto va humillando a su camino
un caudal de altivez que injuria y somete a quien la mire.

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El señor Salvador Dalí denominaría a la obra “Naturaleza muerta”, nombre que evidentemente no expresa la alegría y añoranza por las cosas de las casas de campo, que esta vez nos ofrece la pintora.
VERONICA GABRIELA POVEDA RETO OLEOS 50X70
Óleo 50cmx70cm: Tetera y cucurbitas
VERONICA GABRIELA POVEDA RETO OLEOS 50X70
Óleo 70cmx50cm: Vilcabamba Potos
55604
Mundo artificial

Una blusa azul cobalto. Igual al cielo que filtra el grueso cristal ámbar que sella en la estructura de aluminio por ventana. El silencio característico se corta de golpe en el andar agitado de quien busca inspiración. —Tengo que verlo por última vez. —Se repite mientras fuma a escondidas dentro de la galería, piensa que solo ocurre cuando la imaginación se crea dentro de uno, sin poder salir al mundo real, y camina: ¡Sí! en unos instantes no sabes qué hacer, ni qué decir, echas un vistazo al reloj, disimulas y allí estás frente al maldito lienzo en blanco.

Detuvo los pasos al finalizar justo delante del inmenso Cuadro. Apenas respira, impresionada. Hay que reconocer que en este juego se necesita una extraordinaria habilidad. Es un mundo artificial, alejado de todo naturalismo, donde hay otro sentido de la materia y de las sorpresas que pueda causar: el agua derramada que se reúne de imprevisto en gotas redondas. Al atardecer, las luces en lo alto de las torres se confunden con la atmósfera de lejanía. Todo se vuelve enigmático y parece tener un significado, ya sea la escalera, la llave, el pájaro o el árbol solitario, pero nosotros no vemos ninguna razón para descifrar esos enigmas que nos priva del encanto de ver más allá del lienzo. La solución es tratar de evitar las ilusiones evidentes, que nunca se vuelvan solemnes en sus misterios.

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Nuestro oxímoron

 

Chao, me voy con el Mar
Se va conmigo todo lo que llevo dentro
Esta mentira de creer que estoy cuando me pierdo
Esta comodidad de tener el día bajo control
De escribir sin estremecimiento
De enviarte cartas falsas para que veas que te pienso

Chao, me llevo estas ganas de pensarte simplemente
Y de escribirte cuando ya no pueda más de tanto llevarte
Me voy, en medio del desorden que quita la cadena
Al borde de la ignorancia que me libra de importarme

Puede ser que el Mar me regrese lavada por su espuma
Y me ponga a secar luego entre las rocas
Entre los acantilados que cortan mi contradicción
Quizá para entonces me ría y me entristezca
Por esa cualidad tan cambiante que me vive
Y que nos muere

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1

No erosionan mis carnes estas playas,
no me saben salobres, menos, densas.
Tristes tal vez desde el recuerdo.
Guiada por la mano de ese dios desconocido
(Y por demás poco interesante)
Asisto a la filigrana de esas playas ausentes…

Briznas de aire,
¿infancia?
Nada importa,
todo corre de mí,
como un Atlas vencido.
El recuerdo sostiene un celuloide cruel,
los ruidos de otras playas.

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«No se lo merecen».

Eso fue lo que nos comentó a modo de confidencia el Embajador Español en aquella reunión que mantuvimos con las autoridades ecuatorianas en las Islas Galápagos. Se refería a la ayuda económica y técnica que les brindábamos por aquel entonces como parte del programa Araucaria de la Agencia Española de Cooperación, y puedo reconocer sin rubor alguno, que yo también subscribía en cierto grado esa oscura impresión sobre nuestras contrapartes. Se había invertido mucho dinero en apoyar la conservación y desarrollo sostenible del Archipiélago, y a ratos daba la impresión de que todo aquello era sólo una gastadera sin fondo en la que los cooperantes oficiábamos de Quijotes posmodernos. Demasiados ratos sentí esa desganada impresión de que en realidad lo sostenible era una excusa para recibir fondos mientras nosotros llenábamos Galápagos de logotipos.

Sin embargo, algún tiempo después, al regresar a España, me llevé una sorpresa. Algo aturdido constaté que el país que yo había dejado atrás, boyante y optimista como pocos, se encontraba sumido ahora en una confusa situación parecida a las crisis de las que tanto había escuchado hablar durante mi etapa por Latinoamérica. Y lo que más me sorprendió fue constatar, que la misma crítica que había realizado aquel embajador en su momento, se podía aplicar también a las ingentes cantidades de crédito y fondos para el desarrollo que había recibido España de Europa durante los años de bonanza.
Era evidente, que en cuanto a experiencia y visión de eso que se ha dado en llamar “desarrollo sostenible”, nosotros los españoles difícilmente podíamos sentar cátedra. Quizá, incluso, era posible plantearse si nosotros nos lo merecíamos. Lo que nos estaba pasando. Aunque sea tan difícil y áspero reconocer que uno ha vivido en una burbuja creyéndose rico.

Entre dos aguas
Desde el momento en que decidí emigrar a Ecuador, por allá el 2004, mis conocidos y familiares no dejaron de preguntarme medio en serio, medio en burla, porqué quería ir a probar suerte en un lugar desde el cual no dejaban de llegar paletadas de inmigrantes desesperados, a los que coloquialmente se comenzaba a denominar por el sobrenombre de “panchitos”.

Resulta fácil decir ahora que yo no veía muy claro lo que ocurría en España en aquellas fechas. Es como llover sobre mojado. Pero sin embargo es cierto. Sin tener demasiadas nociones sobre macroeconomía y desarrollo económico, había algo en lo que percibía desatado por toda España que tenía un aire irreal. Como de borrachera fantástica de adolescencia.
España iba a toda vela. El dinero corría sin freno por todos los generosos cauces del día a día, y cada año que pasaba nos sentíamos más europeos de lo que nunca habían sido nuestros abuelos. Ya no recordábamos la época en que habíamos sido exportadores de emigrantes al norte de Europa y las Américas. Como aquel jubilado español que conocí en Quito y que me comentó, muy seriamente, que “España era un país magnifico para vivir”, exceptuando a “ciertos extranjeros que llegaban causando problemas”, y que había que tener mano dura con la inmigración. Al día siguiente me encontré con un grupo de ecuatorianos provenientes del campo que me preguntaron cómo podían viajar hacia España para trabajar, y porque los españoles no les querían allí.

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Los Mercados… ese ente abstracto y sin rostro que preside los titulares hoy día. Ese Dios de mil voces que pide recortes en el gasto social para que podamos recuperar su confianza. Ese flujo de capitales que campa a sus anchas mientras el resto del mundo ve recortadas sus libertades.

Hoy en día asistimos al espectáculo: los Mercados controlan el mundo mientras la ONU se llena la boca hablando de Derechos Humanos.

Cuando crecimos nos contaron un cuento hermoso. Nos hablaron de la democracia, o el llamado gobierno del pueblo. Sin embargo la gran verdad es que el poder real siempre estuvo en manos del poder financiero.

Los apóstoles del Mercado predicaron con entusiasmo la promesa de su Dios perfecto: la competencia entre los más aptos genera el verdadero progreso. Y todos creímos que aquello era cierto.

¿Qué pasa si un país no es competitivo? ¿Si no es tan competitivo?
Y uno se pregunta: ¿Cómo ser competitivos contra China?

Dicen los expertos de Credit Suisse: “Los trabajadores españoles deberían soportar un recorte del 11% de sus salarios en 5 años para recuperar la competitividad perdida.”
¿Cuánto deberíamos recortarles a los expertos que iniciaron esta tormenta perfecta? ¿Un 11% de la cabeza?

Más de lo mismo por todas partes, señores serios con traje y corbata que desde Wall Street, Francfort, Bruselas, Madrid y Barcelona no dejan de repetirnos: “la austeridad se acerca, vienen tiempos difíciles”. Día a día, de forma constante y sin tregua: “serias y profundas reformas”, “la necesidad de recortar todo lo que se pueda”… todo muy sensato y coherente. Después de la fiesta del despilfarro hay que pagar la cuenta.

Pero la realidad siempre tiene varias caras:

“La lógica indica que las medidas de austeridad del año que viene van a estrangular más a los hogares”, dice un tal Newton, de Nomura. Y sin gasto doméstico ¿cómo va a activarse el consumo?

Luego está la reflexión más profunda. ¿No se suponía que está era una crisis del ambicioso sector bancario privado? ¿Por qué ahora se ha convertido de golpe y porrazo en un problema de deuda pública?

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“Dadme coronas de rosas
y una copa llena de vino.”
Anacreonte
“Tu boca esta noche es la más bella rosa del mundo
escánciame tu vino…”
Omar Khayyam

Vino,
color de orina ambarino.
De un suave sabor que subibaja
desde el oscuro pecho tenebroso
por la cavernosa garganta
hasta el pálido rosa de la píamadre
cruzando por las olivas de tus ojos
que se nublan casi hasta el lamentoso llanto
en medio del vaho perdido de su niebla.

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El Trono

Recargué el arma una vez más, y aspiré con fuerza el aire caliente que se levantaba del suelo: denso y pesado como fuego vivo cayendo a plomo por mi garganta. Era el último que quedaba en pie, el último de los míos. Ramírez había caído partido en dos hacía tan solo unos instantes. El Astarte le había roto la columna vertebral de un solo golpe, con pulcra furia concentrada. Así que sólo quedaba yo, con mi viejo fusil de precisión HK y un par de granadas. Poca cosa frente a las circunstancias.

Aquel ser actuaba de manera extraña. Se había detenido sobre los restos de mi compañero, ajeno a lo que le rodeaba. Lo vi allí, inmenso y erecto, y sentí una gran envidia. Una fría y asquerosa envidia gris que me subió de golpe por toda la espalda. El hijo de puta era superior y se sentía muy bien al respecto. Tan seguro de si mismo, tan capaz y dotado, sin rezagos de inseguridad o de miedo. Sólo una implacable determinación de victoria y poder que no dejaba lugar para nuestra esperanza. No sé, creo que fue en aquel momento cuando me di cuenta de que aquella era mi oportunidad.

Apunté bien mientras aspiraba aquel aire espeso.

Todo había ido rápido, demasiado rápido. Había sido un ataque sorpresa de tres Divisiones del Ejército de Resistencia Libre: 5.000 hombres con soporte de artillería y caballería aérea, la mayor ofensiva realizada hasta la fecha. Al frente de la carga estábamos nosotros, Escuadrones Esparta. Los más entrenados, los curtidos, los que habíamos logrado sobrevivir al exterminio.

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Camina solo, perdido, hace mucho el rumbo dejó de serle importante, después de Lucia nada volvió a ser igual…
Dentro de la rutinaria domesticidad pocas cosas llamaban su atención; un anuncio publicitario, una obra de jazz o un deportivo del año; pero esa figura lo alucinó, invadió lo más profundo de su alma; hablamos, claro, del rostro de Lucía.

Desde aquella tarde su imaginación la llevó a la cama tantas veces como le concedió una pieza de vals, le regalo una rosa o la llevó de viaje por una desierta carretera de las costas manabitas. Cada vez más su realidad sin ella perdió importancia. Continue reading

Estaba ahí…; sentado en un bosque con un resplandor dorado, adornado por colosos robles de troncos secos y agrietados por los años; un río de agua verde y oscura, pero a la vez limpia y saludable como la paz regaba aquel edén infectado con el veneno de la vida; el olor a soledad aturdía sus sentidos, dejando su mente abierta hacia la percepción de sensaciones extravagantes. Continue reading