Aqueronte junto a otro siniestro personaje llamado Gulliver, montaron dos empresas una de las cuales se llamaba Ecuainforme, dignas representantes de la máxima expresión de la mercachiflería; y allá fui a aprender sobre tecnología informática escarbando en las entrañas de los seres de silicio.
Continúo mi marcha, inquieto por las cavilaciones sobre que deparará el futuro de la salida a la montaña en compañía de otros. Arribo al pestilente Puente del Guambra, inmediatamente trepo en el insufrible bus “San Carlos”, los allí pasajeros miran con desconfianza a La Rubirosa, el chofer arma la frasecilla de rigor “siga siga atrás hay espacio” mientras deja salir el vaho inmundo de una noche alcoholizada.
No consigo acomodar el cuerpo a los nuevos tiempos.
O por decirlo mejor: no consigo acomodar el cuerpo al “use y tire” ni al “compre y compre” ni al “desechable”.

Bípedo depredador,
humano de piel adherida a los huesos,
has acabado con Gea
con el agua
su sangre.













