Me veo humano, pero me siento un conjunto de muchas vidas, una murga condenada a convivir por la fuerza de la carne. La cerebro del bípedo no discierne la amenazante pelea por controlar toda la carne del cuerpo humano.
El enfrentamiento interior es una cualidad específicamente humana y, quizá, sea un rasgo constitutivo de nuestra complejidad el poder orientar nuestra conducta conforme a distintas inclinaciones.
Recio fantasma del mundo, finura,
invento de la invención, tesaracto,
ubicas un incomprensible pacto
entre nuestra razón y la locura.
Hermoso es también, subir montañas cuando éstas se esconden tras tremendas tormentas. Terror y espanto causan en la mayoría de los bípedos, pero el ser parte del sonoro y sombrío abrazo entre cielo y tierra , en medio de una gran nevada, deja en la mente una glíglica impronta de felicitad preternatural, que es imposible de describir.

Inescrutables son los designios de Alá; su pensamiento hecho carne y sangre, confunden la mente de los mortales, y mas a los infieles.
¿Cuál es su idea de la felicidad perfecta?
Ser un cazador recolector, comer con un apetito salvaje y no tener ni idea de las horas y horarios
A propósito de una charla con el amigo Joaquín Carrasco, sobre lo difícil que resultará hablar a la media cerébrica de la humanidad actual, acerca de la visión de que el planeta tierra es un animal esférico que se ha desarrollado en conjunto con los bípedos depredadores y el resto de especies; y además de la necesaria concepción cuántica relativista del universo, comprarto con ustedes una oda a Newton escrita por Halley
Un infierno en la Mente". Dorian Blackwood.
La imaginación de Alicia, y también la del lector, queda impresionada por la particular manera que tiene de hacer mutis por el Foro el Gato de Cheshire, que puede esfumarse como un fantasma a su entera voluntad, unas veces gradual, otras bruscamente.
Sangre de tu sangre os ha hecho tambalear en el poder y sentir la dureza de la "traición" familiar y su soledad. Demostrado queda, que en la familia también priman las delicias del dinero, que no siempre son para supervivencia.


Las tropocientasmil fosas nasales de Muelabroka tamizan con éxito el nauseabundo hedor protoplásmico que expelen los Coprolitos, nuevos aliados de los Gogorks y Goras decapitados.

Encerrado en mi cubículo de acero y cemento, de aquellos destinados para los cerebros que se entienden con el silicio, meditaba sobre la posibilidad de lograr la simbiósis perfecta con los circuitos electrónicos.
Recuerdo una carta conmovedora que Fernando Sabater escribió a su madre que espiritualmente estaba ya fuera de este mundo y en ella le preguntaba "...sigues teniendo hoy preocupaciones de algún tipo, pese al mal de Alzheimer, la arterioesclerosis o como quieran llamar a la dolencia que te ha robado la mente los doctos que no pueden curarla.
Vivimos una única realidad con tres dimensiones, matemática, física y psíquica, unificadas en el hombre.
Vivimos una única realidad con tres dimensiones: matemática, física y psíquica, señala Penrose en su último libro “El camino hacia la realidad”. Gracias al hombre surge la unidad de esos tres mundos y se sientan las bases de una biofísica cuántica de la mente, según la cual un ordenador nunca podrá tener conciencia.
Creernos los únicos seres con inteligencia, como si hubiéramos caído de otro mundo, o el seso nos separara de la vida, en lugar de ser un vínculo privilegiado para reconocernos solidarios con nuestros prójimos vivientes, no es más que una prueba de ese orgullo necio y pecaminoso tan característico de los humanos (y particularmente de nuestra raza) y al que los griegos llamaron hybris: insolencia.
Extraviado de la corriente del mundo cotidiano de secuencias casi funambulescas; ido, en un arrebato mental y físico, jugaba Kantoborgy entre los gigantescos árboles de eucalipto, pinos y cipreses. Ausente perfecto, aplicado en olvidar las normas de este mundo gobernado por bípedos depredadores.
Helios, al menos te veo, te siento y te presiento.
Fuego purificador que domina el esférico ojo de Gea en su eterna contemplación del finito pero no acotado cosmos. Comprendo el porqué los primitivos bípedos te creyeron un dios.

Mientras los científicos y técnicos perfeccionaban el procedimiento de perpetuar a como de lugar a la especie humana, todo lo orgánico sobre el planeta se extinguía rápidamente, las condiciones para la vida basada en estructuras de carbón eran cada vez más difíciles.
En lo alto de una colina forrada toda ella de casitas iluminadas, a lo lejos paisaje nocturno acogedor, entre sus callejuelas realidad dura de una especie asediada por los ruidos, olores, sabores y formas de un modernismo hilarante. Yo iba montado en Rocinante, quien seguía el frenético correteo de MaQuiDark, que por poco y desaparece de mi vista entre el laberinto de cuestas empedradas que conducen al rinconcito cristalino llamado Ventanal, lugar indicado para el deleite de manjares y potajes sin par.
Tiempo ha que he deseado viajar a un distante planeta, o a una simple roca, una de esas gúgolplex de rocas que caen frenéticamente en sus erráticas o elípticas órbitas alrededor de la nada.
Es una expresión fantástica de la cultura alternativa aborigen desde la cosmovisión blanco mestiza. La línea de trabajo de Herrera, se inscribe en el marco de una enorme producción literaria y científica que vincula al hombre y la naturaleza, cuyos antecedentes los encontramos en la mitología de las mas importantes culturas estudiadas a nivel mundial y en América representadas principalmente por las culturas Azteca, Maya, Inca y Quitu – Cara.

Los humanos disfrutan de las charlas amenas, del parloteo constante, aunque su futileza sea infinita. Pero cuando se une a su grupo algún despistado ser de esos que han caído del cielo, como premio por su gentileza con el resto de especies ahora ya olvidadas, o en castigo por sus actos tenebrosos, por su necedad al continuar develando las cosas ocultas que este universo pesadamente guarda, en esa sospechosa lámina elástica de espacio y tiempo, tal como la denominara el señor Hans Koch, dichos humanos caen en las garras de sus instintos, entran en estado de soporoso pánico animal.
Hacia el Niño Turquesa
Finalmente asoma el Aqueronte al lugar de reunión, llega enfundado en su chompa de cuero estilo Sherpa Outdoor pantalones de Indiana Jones, posa su mirada esférica en nosotros, con ella nos abraza, casi nos hace lagrimear, acto seguido dice:
Hablando, es fácil incurrir en contradicciones. Si además producimos dos enunciados que suenen a paradoja y podamos fundamentarlos igual¬mente bien, nos hallaremos en una antinomia, como llamara Immanuel Kant al patinaje sin fin en que puede ir a parar el pensamiento. A título de ejem¬plos, nombraba él la proposición de que el mundo tiene comienzo en el espa¬cio o en el tiempo, puesto que ambas respuestas posibles admiten sendas de¬mostraciones válidas por igual y sin diferencia alguna (indiferencia ésta que a nadie puede dejar indiferente).

Lester González, minutos después de haberse echado a andar (en la inmensidad de las estribaciones medias de los montes Illinizas, donde la amplitud del silencio y el horizonte agreste lucen inconmensurables comparándose a lo que percibe el profesor Duvolosky en el Parque Metropolitano), no volvió a ver un pelo de Kantoborgy, éste se internó en la montaña dejándole a su imaginación la figura zoológica que le apetezca darle.
-Para no oír tus quejumbres, Kantoborgy, te doy una muestra “sangrante” de lo que voy a escribir inspirándome en lo acaecido en las lagunas de El Compadre, ya me dirás qué te parece: …al cabo de dos vivaques consecutivos se acabaron los enlatados de atún que habían traído consigo los excursionistas, sobreviniendo un apetito sin atenuantes y, el Aqueronte, muerto de hambre porque no sólo de alucinaciones vive el hombre, inició una agresión campal en la que mostró lo mejor de sí repartiendo leña como un endemoniado a sus camaradas…
Doblan las campanas de medianoche en la catedral de Guapulo, redoblan las campanas por el advenimiento de la aurora del murciélago pensante. El aristocrático balcón del palacio de Olivares duerme de cara a oriente, no hay nada artificial que lo enfoque salvo la luna que lo baña y arrulla como si fuese una criatura terrenal de su predilección.


Bípedo depredador,
humano de piel adherida a los huesos,
has acabado con Gea
con el agua
su sangre.
Kantoborgy, avanza por el corto ascenso al punto culminante del cráter del Guagua-Pichincha; no hace mención de regresar a ver atrás, desentendiéndose de sus “ilustres invitados a engordarse con el aliento a azufre del leviatán”; éstos sabrán si siguen por la vía empinada que él escogió o si se acogen por inercia a la ruta zigzagueante que bordea el arenal. Asciende pegado a las rocas, rumbo al filo dentado de la bullente caldera del volcán, abriéndose camino por el arenal que a su diestra asoma impoluto. Anda con el prurito de evitar los senderos trajinados; por la senda que eligió, le es posible estampar la huella de sus botas y sentir que es la primera vez que pone sus pies allí. Cargando el considerable peso de la mochila ochomil, rompe la uniformidad gris del húmedo suelo, moldeando el futuro.
Lovochancho escucha los ladridos de alerta de Pincho, éstos vienen de arriba de la zona que enseña los letreros invitando a los visitantes a disfrutar de los dispersos bosques de polylepis, asentados sobre las estribaciones medias de los montes Illinizas. Avanza por el jardín de musgos y líquenes acariciados por el rocío, los gorriones andinos le cantan al frío amanecer; alzando a ver se encuentra con el sobresaliente cuadro de nubes estriadas navegando en el fondo azur que contiene a las dos pirámides estratovolcánicas. “¡Oh alimento estático del andinista!”, aulló.
Acá vino a escalar por el filo expuesto de la pared, cuya aura le promete acción entre las presas que harán peldaños a los cuernos del Dragón de piedra. La mañana transcurre sin corrientes aéreas de cuidado, ya se abrazó a la roca tibia para relajar su cuerpo y luego poder compenetrar la fuerza de cada uno de sus músculos ascensionistas con la mente del escalador, de esto se trata este juego de concentración que conlleva un riesgo mortal al prescindir de seguros que lo anclen a la pared. Irá a equilibrar su hado con la naturaleza mineral, libre de la sensación psicológica de estar apoyado por la red del trapecista circense.
“La tierra juvenil de los ojos atléticos…”.
Holderlin
Mira a Lovochancho desaparecer con el sol de media tarde estirándose en el valle refulgente como un océano verdín. Arriba, en las estribaciones medias y altas del volcán, se ha posado una nube traslúcida propicia para su recogimiento en ella.

The question is: How the mathematics look you?
Kantoborgy© is a apprentice mathematician, his name recognizes three great humans:
George Cantor: A great mathematician.
Inmanuel Kant: A great philosopher, and
Jorge Luis Borges a great novelist of the fantastic gender in literature
Kantoborgy© wrote a lot about Oberón's oneiric adventures. Obe is a fractal, who only exists in a neuronal network, within the ruins of the conscious.
Obe was possessed by another fractal, who transforms into a beautiful dragon.
Kantoborgy© wishes to find out how mathematics visualizes the correspondences between the two fractals, and for it, he develops a theorem for Obe© and Skathaborgy©.
The graphic result of the " Theorem for Obe© and Skatahbborgy©" is a graphical: ФObe-Skathaborgy©
El asunto es: Cómo las matemáticas te ven?
Kantoborgy© es un aprendiz de la matemática, su nombre es un reconocimiento a tres grandes humanos:
George Cantor: Un gran Matemático.
Inmanuel Kant: Un gran filósofo, y
Jorge Luis Borges:Un gran literato del género Fantástico.
Kantoborgy© escribió mucho acerca de las Aventuras Oníricas de Obe©, Obe© es un fractal, quien solo existe en la red neuronal de un dragón encarcelado en un cuerpo humano, es decir , Obe© tan solo existe entre las ruinas de la conciencia de Kantoborgy©.
Oberón fué poseído por otro fractal, que se transforma en Skathaborgy© una bella dragón. Y Kantoborgy© desea saber cómo las matemáticas visualizan las relaciónes entre estos dos fractales, y para ello, desarrolló el Teorema de Kantoborgy©.
Leonardo Vivar
Continúo mi marcha, inquieto por las cavilaciones sobre que deparará el futuro de la salida a la montaña en compañía de otros. Arribo al pestilente Puente del Guambra, inmediatamente trepo en el insufrible bus “San Carlos”, los allí pasajeros miran con desconfianza a La Rubirosa, el chofer arma la frasecilla de rigor “siga siga atrás hay espacio” mientras deja salir el vaho inmundo de una noche alcoholizada.
Lester, en esta su “fallida ascensión al refugio del Illiniza Sur por la arista del Calvario…”; tan pronto anda con aquellos dos y ya le tiene un nombre a su desventura que se podría hacer una aventura a la manera de “La fallida ascensión del Aqueronte al Rucu-Pichincha…”, cuyo título completo le es imposible acordarse, a pesar de lo gracioso que le viene cada vez por la vida propia que ha tomado la anécdota, ¿anécdota?, que Lovochancho y Kantoborgy la han convertido en una ficción cinética de tanto repetirla verbalmente -corregida y aumentada-.














