un paisaje verdeazul,
la placidez del mediodía,
manos que arrancan…
la aridez del desierto.
Ave atrapada
trocada en felino,
tu sombra forma ambigua
persigue mis formas.
Si me dieran a elegir
me quedaría
en la oscuridad espesa
de las noches sin luna.
Muchas veces
con el pretexto del sueño
o del frío
ella me abraza, me protege
me invita a jugar juegos de azar.
Valle de vitrales
danza solitaria
una niña habita
con su gato
vagabundo
entre las ramas
de un verde
nogal.
Como el olor del cedrón
en un jardín olvidado,
una tarde de enero.
El ojo único
transparente
deja que penetre en la liquidez inmensa
-a veces siniestra-
de mi vientre.
Absorta
flotando en la neblina
estuosa
una libélula
cae entre mis muslos
como en un bosque
entre dos montañas.
me posee
estremece mi vientre
hasta quedarse inmóvil.
Como pañuelos alineados en bandada
una a una
se van sumando
las ausencias
para emigrar hasta mi cuerpo
isla lejana y solitaria.
Sobre tu poncho rojo
pajonales y vertientes,
maizales dorados,
chozas de tierra ocre,
vendavales de tiempo
soplando en las montañas.
Vienes a mí,
con la mirada perdida
en un mundo remoto,
con los labios
sin certezas
pronunciando acertijos
para confundir las señales
para ocultar tu temor
a devastarte con mi presencia.
como embarcación clara
como agua dulce.
Soy para muchos el Hacker de la Poesía
un poeta Cracker que hoy te desafía.
Así que, mientras busco algunas rimas
para tu PC seré una pesadilla.
Se me antoja
amarte,
desdoblar mis manos en caricias
para revolotear
tu cuerpo
este verano.
Durante unos momentos
las fantasías ocultaban al abismo
y el cataclismo de risas
nos precipitaba hacia las sombras
arrastrando con nosotros el universo
y todas sus estrellas.
¿Llegará el día del encuentro
entre el águila y el jaguar?
El océano verde añora la esperanza
de recorrer con el hombre
los túneles vacíos que invitan al vuelo
y esconden la presa del felino.
Queriendo hacer transitar lo mío
sobre el abecedario y las palabras
descubrí que ya no soy el mismo niño
que soñaba con dominarlas a la orilla del río,
Albergue de robustos árboles,
hogar de las garzas
que en lejanos días contemplamos,
fuente rodeada de muchachas hermosas,
espejo del verde vivo de tus tierras.
No había dado ninguna noche por perdida,
el misterioso encanto de la luz
me unía a la ciudad con su arrebatado firmamento,
La ciudad pequeña y provinciana
aún tiene lugar para mí, siempre lo supe,
pero su más querido encanto
es remontar los años y devolverme
la vida de un niño que exploró sus techos,
sus aguas, sus tapias, sus cerros, sus sótanos,
sus criptas, sus bosques, sus patios, sus parques...
Castigado y herido,
el noble toro no se explica
su existencia es esa plaza ebria,
donde el cenit no oculta ninguna fantasía.

De todos los instantes
Admiro el de la muerte,
Recordar un momento
Todos los que viví y viviste:
¡poderte decir Padre de nuevo
y por vez primera,
revivir la fortaleza del músculo indomable
y la bondad de tu sonrisa
que seguía siendo inteligente
aun al transformarse en risa y carcajada!
¿Duermes Edith?... despiértate y escucha de tu cantor
la eterna despedida del que llora de amor en su partida
por que ya nunca te podrá olvidar.
Trotando vas por el candente Toboso,
en pos de una piel fresca,
imaginando la flor lila y blanca,
que del arupo toma el aventurero.
La tradición numerológica ligada a la poesía no es un hecho reciente. Armando Zárate, en su interesante libro Antes de la Vanguardia describe que esta tradición data por lo menos del siglo IV con los poemas anagramáticos del poeta latino Publio Optaciano Porfirio, y en el siglo VI con los caligramas, emblemas y laberintos de Venancio Honorio Clementiano.


En aquella época
recorría los caminos
tratando de poblar como ermitaño
un bosque negro y su montaña.
Invierno, propietario del frío,
no hagas languidecer el espíritu;
que tu viento sea el mensajero
de los besos de corazones alegres.
¿Quién transita mis antiguos pasos,
si ellos me han abandonado
y ya no son míos ni de nadie, peor de todos?
¿Recordaré algún día las lágrimas unidas
al cauce inseparable de dos ríos en su encuentro?
¿Olvidaré estas palabras escritas
para retratar a mis amigos,

Música de río púber,
vástago galopante,
fruto de náyade y cerro.
Envejecieron con sus feligreses;
de un fragante tirón, se entumecen;
la sonrisa hierática permanece
tras rapapolvos y elegante disfraz.
¡Solo trashumar por los chaquiñanes
que enriquecen el instinto emancipador!
Hay derroche de lágrimas
programadas para la repetición,
obsequio del ojo que sublima
y se reduce a fuegos fatuos.
Naciste de la aérea esbeltez de eucaliptos aromáticos,
conteniéndote contra cuatro troncos proa a las
vitaminas solares;
fuiste el refugio diurno del infante que se hizo
adolescente trepando por su liana de esparto a la cesta
del tordo azul.
Pararse antes del límite níveo,
respirar de la salud volcánica,
andar perdido en sus matorrales,
trechos agrestes de sol y de sombra;
grabar lo irrecuperable
como sí nunca fuese a perecer.
Hoy han cogido a otro, aparece en todos los periódicos: \"Adolescente Arrestado por Escándalo de Delito Informático\", \"Hacker Arrestado por Irrumpir en un Sistema Bancario\". Malditos críos. Son todos iguales.