Los Mercados… ese ente abstracto y sin rostro que preside los titulares hoy día. Ese Dios de mil voces que pide recortes en el gasto social para que podamos recuperar su confianza. Ese flujo de capitales que campa a sus anchas mientras el resto del mundo ve recortadas sus libertades.
Hoy en día asistimos al espectáculo: los Mercados controlan el mundo mientras la ONU se llena la boca hablando de Derechos Humanos.
Cuando crecimos nos contaron un cuento hermoso. Nos hablaron de la democracia, o el llamado gobierno del pueblo. Sin embargo la gran verdad es que el poder real siempre estuvo en manos del poder financiero.
Los apóstoles del Mercado predicaron con entusiasmo la promesa de su Dios perfecto: la competencia entre los más aptos genera el verdadero progreso. Y todos creímos que aquello era cierto.
¿Qué pasa si un país no es competitivo? ¿Si no es tan competitivo?
Y uno se pregunta: ¿Cómo ser competitivos contra China?

















