

Temprano en la mañana, sumido en la polución de la ciudad serpiente, y en medio del verano criminal que se acerca, he recibido estas fotografías de los colosos andinos, que publico para su deleite.


En lo alto de una colina forrada toda ella de casitas iluminadas, a lo lejos paisaje nocturno acogedor, entre sus callejuelas realidad dura de una especie asediada por los ruidos, olores, sabores y formas de un modernismo hilarante. Yo iba montado en Rocinante, quien seguía el frenético correteo de MaQuiDark, que por poco y desaparece de mi vista entre el laberinto de cuestas empedradas que conducen al rinconcito cristalino llamado Ventanal, lugar indicado para el deleite de manjares y potajes sin par.
Extraviado de la corriente del mundo cotidiano de secuencias casi funambulescas; ido, en un arrebato mental y físico, jugaba Kantoborgy entre los gigantescos árboles de eucalipto, pinos y cipreses. Ausente perfecto, aplicado en olvidar las normas de este mundo gobernado por bípedos depredadores.
Inversión en tecnologías de la infromación y comunicación (TIC)
¿Cómo justifican los gastos en tecnología de la información, las empresas municipales, y del estado?
Veo a MarDoIt, deambulando por la repleta ciudad de bípedos. Él también es un bípedo, se parece a los humanos en su estructura biodegradable. Con cabeza gacha MarDoIt patea las callejuelas de esta ciudad bicentenaria; su memoria pesa. Ha dado casi tres vueltas al domo del Panecillo. Tiene en su red neuronal un infinito de vivencias ajenas, de otros humanos, lleva el conocimiento de aquellos seres a quienes extrajo su memoria.
Finalmente asoma el Aqueronte al lugar de reunión, llega enfundado en su chompa de cuero estilo Sherpa Outdoor pantalones de Indiana Jones, posa su mirada esférica en nosotros, con ella nos abraza, casi nos hace lagrimear, acto seguido dice:
Inescrutables son los designios de Alá; su pensamiento hecho carne y sangre, confunden la mente de los mortales, y mas a los infieles.
Aqueronte junto a otro siniestro personaje llamado Gulliver, montaron dos empresas una de las cuales se llamaba Ecuainforme, dignas representantes de la máxima expresión de la mercachiflería; y allá fui a aprender sobre tecnología informática escarbando en las entrañas de los seres de silicio.
Continúo mi marcha, inquieto por las cavilaciones sobre que deparará el futuro de la salida a la montaña en compañía de otros. Arribo al pestilente Puente del Guambra, inmediatamente trepo en el insufrible bus “San Carlos”, los allí pasajeros miran con desconfianza a La Rubirosa, el chofer arma la frasecilla de rigor “siga siga atrás hay espacio” mientras deja salir el vaho inmundo de una noche alcoholizada.
Despierto bruscamente, como si hubiese escuchado el ruido atronador de un descomunal reloj despertador. Generalmente no requiero de alarmas para separarme del sueño, menos aun cuando he planificado madrugar en pos de una cumbre andina, hoy no ha sido la excepción.





Bípedo depredador,
humano de piel adherida a los huesos,
has acabado con Gea
con el agua
su sangre.

Mientras los científicos y técnicos perfeccionaban el procedimiento de perpetuar a como de lugar a la especie humana, todo lo orgánico sobre el planeta se extinguía rápidamente, las condiciones para la vida basada en estructuras de carbón eran cada vez más difíciles.

-Ya voy papá. Aún no logro sacar al Lapo que ha caído en la trampa.
-No sé qué tanto haces trepado en el capulí, te la pasas encaramado en los árboles cual si fueras un mono. Y no comas tantos capulíes, que te va arder la panza; mira a tu querido y grasiento perro Fox, el pobre, ya no puede más de tanto que ha tragado.

MarDoIt, interviene:
-No se esponje CuBoIt, pero tampoco deje que los sentimientos heredados, por ese dopaje de carbono que aún conserva… y también conservan algunos de los presentes, influya sobre sus decisiones con respecto al problema de saturación extraña que esta por colapsar la red.
















