May 19, 2008 | Publicado por: kantoborgy Leído 15142 veces. | Tell a Friend
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Kantoborgy, Leonardo Salvador Vivar Ayora Cuentos
-Shalva!, baja ya de ese árbol.
-Ya voy papá. Aún no logro sacar al Lapo que ha caído en la trampa.
-No sé qué tanto haces trepado en el capulí, te la pasas encaramado en los árboles cual si fueras un mono. Y no comas tantos capulíes, que te va arder la panza; mira a tu querido y grasiento perro Fox, el pobre, ya no puede más de tanto que ha tragado.


Shalva desciende del gigante árbol con un hermoso pájaro llamado Lapo o Huairachuro, y le dice a su padre:
-¿Te gusta el Lapo?, lo he atrapado para ti, con él podrás hacer unas hermosas fotografías y luego lo soltaremos, ¿verdad?, ¿lo dejaremos ir?.
-Ten cuidado hijo, que este bicho pico de playo, podría arrancarte un dedo, no podemos ser tan confiados, todas las frutas que comen... y comemos, han sido modificadas por los gases contaminantes que emite el Mundo Moderno. En verdad es hermoso, vamos a fotografiarlo que mañana le devolveremos su libertad.
Shalva piensa: “Esta vez me he librado que me rete con su voz de trueno, y su mirada de fuego, aunque su rostro ya se estaba poniendo coloradote”

      Difícil resulta comprender el origen de los deseos humanos, por ejemplo, recuerdo con soberano temor los días en que el pequeño Shalva, dio inicio a una larga lista de peticiones de lo más extrañas, y, su padre, el inquebrantable Obe, se había acostumbrado a ellas. Shalva pidió a su padre que le ayudara a concretar su deseo de tener un clon; sí, un clon. Obe sonrió a su crío y le preguntó “¿y qué quieres clonar?”, a lo que Shalva respondió: “Es hora de copiarme a mí mismo”.

      Cuanto tiempo ha, desde que los humanos piensan de forma muy contraria a la de sus antepasados, y, considero que esa nueva filosofía se inició, cuando la saturación de la atmósfera con gases nocivos llegó a límites insospechados, y claro, el agua que bebían y los alimentos que ingerían, así como también los haces del canicular sol, modificaban a diario su íntima estructura molecular. La mutación biológica natural requiere millones de años, pero el medioambiente los estaba obligando a mutar, y de cierta forma la especie humana le hecho una mano porque se vieron forzados defender la existencia de su especie.
      Shalva, había sido debidamente instruido sobre los efectos nocivos que causaba en el hipotálamo el excesivo uso y abuso del insipiente sistema de comunicaciones y colaboración unificada (tecnología a la que se llamó UC2), esta tecnología lo mantenía en contacto con todos sus compañeros. Era el sistema de comunicación por excelencia entre sus congéneres y totalmente impersonal; así, les permitía no solamente conversar, sino que compartían sus gestos mediante video en tiempo real, y además de todo ello, jugaban virtualmente, iban juntos a paseos virtuales, a lugares insólitos… y todo ello a salvo de los físicos contactos con la ya marchita y sospechosa naturaleza. Muy conciente estaba Shalva de los efectos secundarios del UC2, pero a propósito hacía uso extensivo del sistema, y con la máxima potencia, pues sabía que las señales de radio modificaban la estructura misma de su red neuronal, anhelaba la mutación, sentía placer en ello. Las ondas electromagnéticas del UC2, alteraba el sistema inmunológico; las milésimas de grado en aumento de temperatura que el hipotálamo experimentaba, era para el cerebro como un ataque de virus, bacteria o cualquier bicharraco biológico. Todos los sistemas del cuerpo humano entraban en alerta, el caos imperaba en el organismo.

      Obe no dejaba de pensar en la petición que Shalva le hiciera, esperaba con ansia que una nueva técnica de conservación de la vida humana fuese puesta en producción, la clonación para multiplicar los esclavos especializados en alguna técnica puntual o como juego… era aceptable, pero como método para preservar a un familiar era un asunto psicológicamente traumatizante y falsamente superado: los lavados de cerebro bajo el esquema de la reprogramación neurolingüística eran el tratamiento por excelencia, todo se reducía a la idea de aumentar la productividad en el planeta. La reprogramación era la panacea, porque hace tiempo que los dioses habían muerto, pues ya no ayudaban a escapar a los humanos de sus temores preternaturales, ontológicos y metafísicos. Pero como nada es perfecto, por ende, el proceso de clonación no siempre migraba la memoria libre de errores, a veces quedaban vacíos, saltos de memoria y problemas estructurales de los enlaces neuronales, por tanto la locura era casi una constante.
      Obe objetaba en su crío el uso de la UC2, y precisamente para denunciar sus males, mantenía una vieja estación en el dial, “La Voz del Troglodita”, que transmitía en onda corta. Esta radio emisora era de poca sintonía y, mediante sus ondas electromagnéticas, a diario, se explicaban los efectos nocivos de la UC2; asimismo, todos los días, vociferaba sobre la inminente destrucción del ya enfermo animal esférico llamado Gea.

      Llegado el momento, Obe le dijo a su hijo que la cámara de clonación lo esperaba, el pequeño Shalva huyó y salió chillando, “…no estoy listo papá”; y, me pregunto ¿cómo iba a estarlo?, si había caído en los tentáculos del placer producto de la segregación descomunal de endorfinas que le causaba el hacer uso de la UC2. Obe sabía de la adicción de su pequeño hijo, pero sus decisiones eran erráticas comparadas con las que, a su vez, su propio padre, hubiese tomado con él al respecto. Le habría bastado un feroz grito de reclamo para que su crío entre en vereda, con su voz de trueno y manteniendo una mirada de fuego, sin importarle la teoría de que eso no es bueno porque les provoca trauma severo a los jóvenes. Parte de la mente de Obe era seguramente producto de tanto ingerir alimentos transgénicos, en el fondo, Obe no solo había comprendido que su hijo disfrutaba de otros placeres muy distintos de los suyos, sino que los aceptaba resignado; también justificándose en que la humanidad entera estaba en un período de transición hacia lo que denominaban: La Nueva Era. Se había llegado a aceptar que la forma orgánica o lo que se hiciere con ella, me refiero a sus cuerpos, a su estructura biológica, no era importante en absoluto, y mentalmente todos fueron adoctrinados de manera que no existían efectos psicológicos traumáticos…, al menos no eran visibles.

      Este nuevo paradigma que sobre el habitáculo del ser humano se generó, hizo posible los viajes interestelares, hacer un viajecillo de esta naturaleza implicaba una destrucción total del cuerpo humano, toda la funda biodegradable se reducía a una colada de quarks, que uno a uno eran “tele-transportados”, haciendo uso del entrelazamiento cuántico de la materia.
Acabo de recordar que también hace mucho tiempo acompañé a Obe en su primer viaje sideral, que para hacerlo tuvo que someterse al proceso de licuefacción quarkiana, y luego al sospechoso proceso de reconstrucción, quark por quark. El destino del viaje fue el campo base de la descomunal montaña llamada “El Orcón”, montaña ubicada sobre el norte magnético del gélido planeta Mozack, la misión de Obe era: “Plantar campamento base, reconocer una nueva vía, e intentar la cumbre”. Obe era adicto a las endorfinas dadoras del placer, reacción electroquímica que se producía su cerebro mientras escalaba sobre la zona de la muerte. Yo tardíamente quise aprender, pues mi constitución ya no era puramente orgánica. Claramente recuerdo que disfrutamos mucho de la idea de lograr una muerte digna, me embriagaba con la idea de morir… nuevamente, que, como idea, permitía una existencia más llevadera sobre un planeta agonizante. La escalada fue una feroz y desigual batalla contra nuestros miedos preternaturales. Cada uno iba por sus propios fueros, es decir, que el intento de cumbre fue como lo hacían los antiguos y solitarios ascensionistas que hollaban, fugazmente, los más altos picos del Himalaya. Al final el premio podía ser el encontrarse con la parca, como lo hiciera aquel venerable Guerrero del Hielo llamado Kukuczka, -¡qué digna salida hizo de ese mundo!-, o llegar a la cima y caer en un estado ataráxico. Ahora prefiero no recordar los detalles de la expedición, pues, hay cosas que ni uno mismo debe recordar; baste señalar que Obe padecía de un carácter endemoniado, y que prácticamente subió toda la cara norte del Orcón, sumido en su profunda amargura existencial, rumiando a cada paso su infelicidad metafísica, en cuanto a mí solo diré que escalaba porque deseaba con frenetismo ganarle a Obe en la búsqueda de la muerte digna.
      A nuestro regreso, que obviamente fue un retorno doloroso matizado con el fracaso, pues, aunque conquistamos la cumbre de la montaña Orcón, la parca nos evadió. Y fue más duro para Obe (por eso de “…el continuar dentro de mi funda biodegradable”), lo que hizo que el regreso de la montaña sea tan indigerible. El saludo de bienvenida de Shalvita fue increpar a su padre en duros términos, le espetó: “Padre, estuviste a punto de fallecer solo por conseguir unos instantes de placer cerébrico, ¿porqué, entonces, no me dejas disfrutar de mi UC2?”.
      Obe guardó silencio, qué indecisión, o apoyaba a Shalva en su intento de mutarse, lo cual ya era un tipo de muerte; o forzaba la clonación, que igualmente era otra forma de morir. Yo me marché, recordando que hace poco mi hijo nuevamente había sido clonado. No todos eran capaces de mutar rápidamente de manera que pudiesen retardar el inicio de la interminable cadena de clonaciones, pues una vez realizado el primer proceso, máximo aguantabas un año, luego otra vez es inminente una nueva clonación, ese fue mi caso y lo heredó mi hijo: mudábamos de cuerpo como lo hacen las serpientes con su piel. De haber tenido esa capacidad de mutación probablemente contara con mi hijo –el original-, y no con unas copias aparentemente exactas, de las cuales guardo mis reservas. Y Obe temía que su crío finalmente cayera en un colapso mental si no era capaz de mutar. El excesivo uso del UC2, podía hacerte resistente a los nuevos virus biológicos, y crear un nexo sorprendente de lo orgánico con la tecnología del silicio, pero finalmente morías.
      La petición que Shalva hiciera a su padre, curiosamente no se cumplía por sus propias dubitaciones, era como si estuviera esperando una orden interior, -aún no había llegado su momento-, de hecho empezó a barajar otras posibilidades en caso de no ser capaz de mutar, o, la última alternativa, que migraran su mente a un cerebro nuevo, lo cual era una variante de la clonación. Aprovechaban las transfusiones electroquímicas ya en boga en aquellos años.
      La ciencia y la tecnología estaban volcados con furor a encontrar una interfase que permitiese traducir las reacciones electroquímicas que constituían la forma de comunicación entre neuronas, pero lo que lograron en primera instancia fue la capacidad de migrar los conocimientos y memoria de un cerebro biológico desarrollado a otro totalmente nuevo –una tabla raza-. Genéticamente aislaban las taras de los progenitores en la nueva masa encefálica, entre otras cosas quitaban también las inclinaciones naturales, ejemplo, a aprender un idioma específico, o a practicar un deporte o aprender una ciencia, pero sobretodo extirpaban del ADN lo que consideraban generaría en el nuevo clon un sistema neuronal alterado e inestable, que generalmente era la causa de una especie en constante crítica de su entorno, que lo cuestionaba todo y que según lo nuevos cánones enloquecía fácilmente. Extirpaban también los genes del asesino, del suicida, del mentiroso, etc.; genes que todos los humanos son portadores. Paradójicamente, el 85% de quienes terminaban abandonando la “cordura”, instantes antes de hacerlo asesinaban a algún incauto. Quienes se suicidaban tenían por costumbre dejar apodícticas descripciones de su demencial universo, curiosamente aquello constituyó el origen de la nueva literatura de Ciencia Ficción. En cuanto a los mentirosos les debemos los cánones de la democracia y de la política, que fielmente aplican los Gobernantes del planeta.

     ...Continuará

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